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25/04/09

AYUDAS LITERARIAS

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Este, es un pedido solidario basado en una realidad, que si bien sabíamos que existía, no nos imaginábamos que pudiera tocarnos tan hondo.
Quizá sucedan muchas cosas para que esto ocurra y no es necesario que estudiemos este fenómeno, aunque su respuesta esté al borde de los labios.

Abocados a la tarea de editar nuestra Segunda Antología “Bitácora de Duendes”, que superó nuestras expectativas, nos llegaron y están llegando pedidos (que no son pocos) de escritores y poetas para que estudiemos las posibilidad de otorgarles una subvención o ayuda para participar, algo imposible de realizar por nuestra cuenta ya que la edición primera, al igual que esta segunda y de acuerdo a nuestra política o filosofía, no perseguimos ningún fin de lucro, siendo lo recaudado exclusivamente para el fondo editorial.
Reunidos para tratar este tema, la Junta de Coordinadores de esta Asociación Cultural ABRAPALABRA, decidió lo siguiente:
En razón de lo comentado y haber escribas en condiciones de recibir esta beneficio, hemos habilitado la siguiente Cuenta Caja de Ahorro en el Banco de la Nación Argentina Nº 1479244669 Sucursal Nº 1183 – Córdoba Capital.
Desde hace tres semanas estamos pasando una alcancía en las reuniones de los Jueves y tanto a los amigos y compañeros, como alguna visita o presencia ocasional, le pedimos una colaboración de $2 y de acuerdo a la cantidad de dinero que se pueda juntar, mas lo que pueda recaudarse por intermedio de esta convocatoria, serán los auxilios que se otorguen y los nombres de los filántropos aportantes voluntarios, figurarán en la primer hoja donde se publiquen las obras, salvo expreso pedido y que deseen quedar en el anonimato.
Sea cual fuere el monto de su colaboración será bienvenido, recordándoles que el costo de inscripción y editorial es de $150, por participante con derecho a seis páginas y 5 libros pero cualquier suma por insignificante que parezca, de seguro sumará en esta cruzada solidaria.
En caso que realizar un giro por el Banco Nación le resulte incómodo le sugerimos hacerlo por Western Union que se encuentra en cualquier ciudad del mundo y en nuestro país en cualquier oficina de Correo Argentino a nombre de:
Raúl Lelli DNI Nº 10.903068 – Córdoba Capital acusándonos posteriormente el número de Giro, importe y nombre (datos que se deben consignar para poder cobarlo) por:
e-mail a: raulelli@yahoo.com.ar

Actualízate en nuestro blog o conócenos:
http://abrapalabra-raulelli.blog.arnet.com.ar

Convencidos de la hermosa finalidad de esta cruzada solidaria, los saludamos con un fuerte abrazobeso de gratitud, al menos por haberle dedicado tiempo a esta lectura.

SI ESTÁ DENTRO DE TUS POSIBILIDADES GIRA ESTE CORREO ENTRE TUS CONTACTOS
¡MUCHAS GRACIAS!
Raúl Lelli
Presidente

23/09/08

"BITÁCORA DE DUENDES 1"

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Y llegó el día y la hora, como todo en la vida.
El pasado Jueves 18 presentamos en sociedad a nuestro primer libro. La antología compartida "BITÁCORA DE DUENDES 1" y lo hicimos en el marco de la Feria del Libro Córdoba 2008, acompañados como no podía ser de otra manera de la Dra. Liliana Aguirre, presidenta de la Fundación GEDISOS, ser elemental en la creación de este libro que lo consideramos tan importante.
Consta de 204 páginas y en su interior hay una variedad amplia de plumas que pueden transportarnos a la melodía de la poesía y llevar a pasear al lector en la barca de los cuentos.
Quienes estuvimos en la parte de gestión, corección, diagramado y edición como en mi caso por primera vez, podemos dar fe de lo dura, difícil, complicada y para nada menor tarea de amalgamar en un mismo proyecto a treinta participantes situados geográficamente desde EE. UU. Uruguay y Argentina.
La empresa editorial Nueve9Ediciones fue la responsble de tan magnífica calidad editorial.
A los participantes, a la Dra. Aguirre, a los editores. Gracias.
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LIBRERÍAS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA DONDE SE PUEDE ADQUIRIR EL LIBRO:
"BITÀCORA DE DUENDES 1" VENTA EN LIBRERÌAS "BABEL" CASEROS 272-- "RUBEN LIBROS" DEAN FUNES 163 L.1 PASEO SANTA CATALINA-(al lado Bar el Quijote) CIUDAD DE CÒRDOBA-

04/09/08

PATRICIA DEL CARMEN ARGÜELLO

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PATRICIA ARGÜELLO - Poeta
(Página en construcción)

POEMA I

Habitantes de la noche en vigilia
eluden miedos y fantasmas
que surgen de los sueños.

Existencias, circunstancias
dramas de la vida
miedo a dormir
temor de retomar la angustia.

Espejo en el muro
atreverse
animarse
y al cruzarlo
dormir profundo
sin vigilia
sin ansiedades
sin temores
sin sueños.

© Patricia Argüello

POEMA II

Mujer, hechicera
malabarista de la vida
pintas tu entorno
compones tu música
canta y danzas al son.

Buscas la noche
donde habitan impulsos e imaginación
y la oscuridad nutre tus fantasías.

© Patricia Argüello






TESTIGO

Viejo sillón
cómplice
de besos robados
de ilusiones rotas
secretos consejos
y ruegos prohibidos.
Viejo
pero aún cobijante
de tibios rayos de sol
de cuerpos cansados y doloridos.
Tu presente
roto y desvencijado
te hace testigo
de la ranura del tiempo
que separa el edén.


ERES

Eres antojo del viento
cambiando mis alas
a un rumbo incierto.
De furia y miedo
pequeña
de encontrarte esclavo
de mis sentimientos.
Quiero saberte sombra
rendido en mis brazos
de mi cuerpo ardiente.
Cuánto daría
por placer causarte
caída la venda
de tus ojos vivos.

NOCHE DE REYES

Prepararé mis zapatos
juntaré el pasto
no olvidaré el agua
y estaré palma a palma arrodillado solo con Dios
en mi plegaria.
Súplicas y ruegos
escribiré en esa carta
a los Reyes Magos
con inmensa ilusión.
¡Soy un hombre grande escribiendo a los Reyes!
¡Que mágica cita volverla a escribir!
Me haré trampas solo
me levantaré en la noche
sacaré el agua
y el pasto también.
Dejaré mis zapatos movidos
así al levantarme
solo y divagando
niño un a vez mas.
Como cuando pibe
y todo confuso
la rabia del sueño
de no poderlos ver.
Pedí una bicicleta
mas en los zapatos
una pelota encontré.
Y mamá tapando su impotencia
con una dulce caricia
me dijo, que quizás
mi carta se les confundió.
Noche de Reyes
mágica y dulce
¿Quien de pibe no la disfrutó?
Les pido en esta noche
para cada niño pobre
un juguete un regalo
y trabajo para cada papá.
También quiero la luna
un tambor de lata
dorado y estruendoso
un tren a pilas
una calesita
y un payaso de trapo
con un solo botón.



PÉRDIDA

Eres al sueño del poeta
una utopía de amor inocente.

Miedo convertido en lava incandescente
ante la pérdida de tus alas místicas
por la burda actuación
de tu infamia.

Quedarás lleno de sentimientos oscuros
por la ansiedad y el terror a encontrarme.

28/04/08

¿PORQUÉ HAY ÁRBOLES DONDE LOS PÁJAROS NO HACEN NIDOS?


podcast


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Cuando la abuela Luisa entró a la casa me dijo que me abrigara porque el viento soplaba fuerte y frío.
Me encontraba sentado detrás de la ventana mientras terminaba el desayuno y después me puse un abrigo.
Desde que me había sentado a la mesa mi vista se había concentrado en el viejo ciruelo que despojado de sus hojas soportaba como un héroe aquel invierno y le pregunté a mi abuela: ¿Porqué hay árboles donde los pájaros no hacen nidos?
Pero ella siguió como si su alma estuviese en un mundo distante mientras su cuerpo seguía amasando el pan de la semana.

Ya en la escuela y en el aula, pedí permiso a la maestra para hacer una pregunta y concedido le dije: - ¡Seño!, ¿Por qué hay árboles donde los pájaros no hacen nidos?
Y ella quedó pensando.
– Buena pregunta – dijo, mientras paneaba el aula con la vista como si tratara de averiguar con quién me había complotado para hacerla quedar mal delante de la clase; pero demostrando solvencia ante situaciones incómodas dijo: - Han escuchado la pregunta de su compañero, cuando regresen a casa, pregunten a mamá y papá ¿Porqué hay árboles donde los pájaros no hacen nidos? Y mañana en la hora de ciencias expondrán las respuestas, y así sin más quedamos con la rutina del aula.

A mi abuela esa noche la noté muy preocupada, así que preferí no preguntar nada y después de cenar acomodé la mesa y me fui a dormir dándole un beso mientras acomodaba la cama.

En las sombras del cuarto y acompañado con el quejido del reloj de pared del comedor y su insufrible letanía, aquella pregunta rondaba en mi mente como un eco incansable y tormentoso:
- ¿Porqué hay árboles donde los pájaros no hacen nidos?
Mientras las palabras y pensamientos se agolpaban creando imágenes fantasmales, el sueño se apoderó de mi ser llevándome con los eternautas a recorrer el universo.

El día llegó con el canto de los gallos y el agua helada de la palangana para lavarme la cara.
Fue tan brusco el cambio de temperatura que un insulto quedó atrapado entre los dientes y la lengua porque la abuela rondaba cerciorándose que me lavara las orejas.
Cuando llegué al comedor estaba sirviéndome la leche y en la mesa danzaban los aromas del pan, el dulce y la manteca casera.
Al mirarla, un brillo desconocido se reflejó en sus ojos y como un tonto y sin pensarlo dije: - Abuela, ¿Porqué hay árboles donde los pájaros no hacen nidos?

Noté que su mandíbula se contraía apretando los dientes y dos lágrimas se le escaparon como salpicadura de manantial y sus manos corrieron presurosas al escote.
Sacó un pañuelo pequeño y arrugado que estaba en un borde del corpiño con que enjugó sus ojos y quedó jugando con él entre los dedos mientras su vista buscaba escapar por los cristales de la ventana, como si quisiera refugiarse en el viejo ciruelo.
Después de unos instantes acarició con sus manos el luto de su manga y me dijo con voz entrecortada y lastimosa:
- Cuenta una leyenda que una princesa juró su amor y lealtad a su prometido debajo de un árbol y ese árbol quedó reservado por voluntad de los pájaros del lugar como testimonio de ese juramento y todos, absolutamente todos los pájaros reconocen en cualquier parte del mundo, un árbol donde se hizo una promesa de amor y que no les pertenece.
Por eso mi pequeño, hay árboles donde los pájaros no hacen nidos, porque respetan las voces de sus ancestros.
Cuando llegué a la escuela y antes de que abriera la boca, la maestra preguntó si todos habían traído la respuesta sobre los nidos, los árboles y los pájaros.
A decir verdad hubo respuestas atractivas pero mentirosas, también las hubo estúpidas como la que trajo el hijo del panadero que decía que son los árboles donde descansan las cigüeñas de noche cuando traen un bebé a este mundo y otra serie de tonterías que es mejor no mencionarlas y cuando me tocó el turno repetí con orgullo la leyenda que me contó mi abuela y la Seño, después de agradecer a cada uno dijo:
- No existe una sola respuesta para los enigmas de la naturaleza - Después, me regaló la sonrisa más linda que jamás haya visto y me guiñó un ojo.

Tantos años han pasado y aquel misterio aún me ronda, porque ciertamente nadie ha podido contestarme ¿Porqué hay árboles donde los pájaros no hacen nidos?
Y cada vez que miro uno estudio su follaje en procura de descubrir alguno y al encontrarlos vacíos en su mayoría me asalta una impresionante sed por conocer la verdadera respuesta.

Siempre me acuerdo de las palabras de la maestra, pero cuando divago en soledad, provoco un encuentro místico con Dios y la pregunta para Él se me cae de los labios:
- Señor, ¿Porqué hay árboles donde los pájaros no hacen nidos?
© Raúl Lelli

16/02/08

Novel Escritor - SANTIAGO DAMIÁN PONTI


podcast
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EL VISITANTE

Cuento Breve – Autor: Santiago D. Ponti (13 años)

E-mail: santy_ponti@yahoo.com.ar

3ª PREMIO Certamen Literario SALAC 2007
Publicado en la Antología “ECOS Y VIVENCIAS” páginas 207 / 208
Ilustración Azul y Hugo Bastos

Flaco, alto, desgarbado, y de caminar rápido, gracias a sus largas piernas.
Esta característica, lo diferenciaba de los demás mortales.
Hacía poco que se lo veía por Capilla, (de esta manera llaman los lugareños a Capilla del Monte, en la provincia de Córdoba) a lo sumo dos o tres días, y su presencia con ese raudo paso por el costado de la calle, (ya que casi nunca andaba por la vereda) con su ganchuda nariz en alto, como olfateando algo, no había pasado desapercibida para los pocos habitantes que en invierno quedan en el pueblo.
Ese atardecer algunos lo vieron venir desde el Cerro, (así le dicen al Uritorco) hacia la calle techada, por el costado izquierdo de la Avenida San Martín, cuando de pronto, sin disminuir la velocidad y sin mirar atrás ni a los costados, cruzó la calle, en el preciso instante en que un colectivo de la Chevalier, (empresa que viaja a Buenos Aires) que iba en su mismo sentido hacia la Terminal, no tuvo tiempo de frenar.
El paragolpes delantero lo arrojó hacia adelante como un muñeco y luego todo el vehículo le pasó por encima. Cuando éste se detuvo y el chofer y cuatro o cinco pasajeros se bajaron, el estrafalario personaje había desaparecido.
La sorpresa fue mayúscula aún, cuando alguien que presenció el accidente dijo que
lo vio emerger de abajo del ómnibus como si nada hubiera sucedido, y que dio un par de pasos mirando al Uritorco y se esfumó con la luz del crepúsculo.

Todos pensaron que este pobre hombre estaba borracho o que había leído mucha literatura sobre extraterrestres, pero no pudieron encontrar ninguna explicación, y mientras la discusión se generalizaba en medio de la calle con la llegada del comisario y de un agente, en un destartalado móvil policial; el testigo “presencial”, como diría después el sumario, se fue caminando rápidamente en dirección al cerro, tras los pasos del extraño forastero.
A medida que avanzaba iba oscureciendo, pero él lo mismo miraba para todos lados, no encontrando nada extraño. Apuró el paso y al llegar al pié del místico Uritorco ya era noche cerrada, no obstante no se detuvo, por el contrario apuró aun más su paso y al subir una lomada, en la mitad de una especie de vallecito, alcanzó a ver descender un luminoso platillo que con variados colores que parecían girar, iluminaba toda la escena y que al posarse, abrió una puerta de la que surgió una especie de rampa, por la que vio subir al misterioso personaje, que antes de desaparecer en su interior, y como sabiendo que él estaba allí, se dio vuelta mirándolo fijamente.
El hombre se estremeció y mientras el platillo ascendía raudamente hasta desaparecer, se decidió a no contar nada de lo que había visto, no fuera que lo creyeran loco o lo tratasen de borracho como en el momento del accidente.
Lo curioso fue que al declarar al otro día en la comisaría, no tuvo necesidad de mentir, NO SE ACORDABA ABSOLUTAMENTE DE NADA.
Al parecer el “visitante”, con sólo mirarlo antes de partir, le habría borrado los archivos de la memoria.
-FIN-

29/01/08

BEATRIZ CID

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podcast
Nuestra amiga Beatriz Cid
reticente y humilde a la hora de
hablar de ella misma
nos hace llegar estas hermosas poesías.

¡A disfrutarlas!

Ciclo Amor

La Dama enlutada y el Joven pintor

Solo fue el encuentro en aquella tarde.
La dama hablaba loca de pasión.
Presumida toda, de tantos encuentros
hombres de negocios, de sabios, maestros
solitaria ella, por falta de amor.

Entre tanta gente ella lo observaba
entre los cristales, caireles y brillos
la ciencia, expertos
nieves del dolor.

De pronto la Dama, enlutada ella
se vistió de brillos
aplausos, diplomas
y aquel cuadro de honor.

Entre tanta gente ella lo observaba.

Noche de destellos
el Joven Pintor acudió a la cita
de la bella dama
dorada en color.

Pasaron los años
y la vieja Dama
siempre lo recuerda.
Y hablan y hablan
ambos con deseos
de abrazos y besos
de tardes de otoño
de cierto verdor.

La Dama Enlutada se viste
de rojo
tacones sinuosos
pintura en su boca
de nuevo el encuentro
del Joven Pintor.

Se cierran en besos
nadan en ocasos
azulinos nardos
transcurren el paso
de bella pasión
los faros iluminan
no importan los años
ya nadie detiene
a la Dama Vieja
y al Joven Pintor.


Beatriz Cid


Amores Aún así


No te enojes amigo
soy así
tremenda
gritona, insolente
y a veces distraída.

No te enojes vida mía
soy así
belicosa, enojadiza
y a veces
de apariencia poco humana.


No te enojes dulce mío
soy así
alma que pena, que ríe
auspicia y llora encaracolada en dolor.

No te enojes mi tesoro
soy así
deliciosa, muy mujer
a veces desparramada en deseos.

¿Y si aún así, te enojas?
nocturno amante de mis sueños
a pesar de
con desnuda desesperanza
así te espero.

Beatriz Cid 05-04-07

Ciclo Viudez –

Hoy desperté asustada

Hoy desperté asustada
miré a un costado
busqué desesperada
y ya no estabas.

Recién, ahora,
asumo tu ausencia
la viudez me dice
entre negros y blancos
que ya no estás.

Hoy mi rostro
nadó entre lágrimas frías, ausentes
por años, tan solo cubiertas
de espejos y mentiras
porque ¿sabes?
Ya no estás.

Me visto de negro
camino esas calles
aquellas que fueron
cómplices de noches
de amores azulinos
de risas y asombros
de sueños y esperas
del amado hogar
pero ¿sabes algo?
Ya no estás.

Pasaron los años
tareas, amores, momentos
locuras, viajes
desbordes, olvidos
pero ¿sabes algo?
Ya no estás.

Hoy dejo la rosa
y la cala blanca
adorna mi alma
fría, vulnerable
ausente, vacía
sepulcros en negros
porque ¿sabes algo?
Hoy y por siempre
No estarás.


Beatriz Cid 26-06-07

27/01/08

MUÑECO DE TRAPO - Carlos Lelli

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podcast




MUÑECO DE TRAPO


PROLOGO

Este cuento, es mi esperanza a aquellos que lo lean, encuentren en él, el valor de la amistad.
Esta palabra encierra valores muy profundos y sentimientos que cada ser humano contiene.
Poder expresarlos es revivir en nosotros el inmenso poder que alberga “El Amor” y “La Amistad”

MUÑECO DE TRAPO


Soy escritor, mi nombre es Carlos, vivo con Alicia mi esposa, desde hace dieciocho años, en una casa modesta, de estilo Barroco, lo suficientemente cómoda para un matrimonio sin hijos. Trabajo para una editorial a la que me ligan casi doce años de labor.
Los días pasaban y no podía redactar un cuento que me había pedido la editorial, y el tiempo me presionaba.
Estaba sentado frente a mí maquina de escribir, mis pensamientos volaban, no sé por donde.
Fue algo muy rápido, vino a mi mente, la imagen de un muñeco, como una figura indefinida, la imagen de un muñeco, no sé cuál.
De pronto escuche una voz, que sonaba como un eco, muy lejana... Como si estuviera suspendida en el espacio.
- ¡Hola! Soy yo, estoy aquí encerrado en un baúl, hace bastante tiempo.
- Sentí que estabas pensando en mi y a la vez, querías escribir sobre un muñeco. Tus pensamientos me despertaron y no pude detener mi curiosidad, por eso es que estoy intentado hablar contigo.
- ¡Me escuchas! ... ¡HOLA!, ¡HOLA!...
Se sentían muy sordas sus palabras, casi imperceptibles.
Me pregunte si estaba hablando solo, miré para los costados de mi escritorio y solamente éramos, mi maquina y yo. Volví a mirar a mí alrededor, contemple la biblioteca, llena de libros, un poco desordenada, los cuadros en la pared colgaban insensibles, presentando cada uno un paisaje, para los que fueron creados. La ventana del balcón estaba cerrada, todo estaba en su lugar. Había mucha luz, me levante a apagar la araña central, que iluminaba el cuarto y dejar solo la lámpara de mi escritorio.
- Cuando me senté, al mismo instante, que mis manos se posaban sobre la maquina de escribir, sentí nuevamente esa voz.
- HOLA, NO TE ASUSTES, SOY YO...
Me quede inmóvil por unos segundos, pero mi curiosidad era más fuerte, así que le conteste...
- Donde estas y como te llamas?
- Ya te lo dije antes, soy un muñeco, un muñeco de trapo. Hace años que me dejaron encerrado en un baúl, en el hatillo de esta casa. Casi había perdido las esperanzas de poder hablar con alguien, estoy dolorido, me duele la espalda, de tras de mí hay un avioncito que me pincha con su hélice rota.
- ¡Oh!.. ¡Que mala pata! ¿que puedo hacer para ayudarte?
Yo mismo me asombraba de esta charla. Estaba viviendo un unipersonal virtual.
Hubo un silencio, profundo, creí que había perdido el contacto.
- Solo te pido que me escuches, no creo que puedas llegar hasta donde estoy, pues no sé ni como se llama la calle donde esta la casa.
- Por favor no es una broma, me siento solo, no me dejes.
No podía creer lo que estaba sucediendo, más pasaban los minutos, más me entusiasmaba. Tenía la impresión que escuchaba su voz, con más claridad. Me acomode en el sillón para seguir con esta conversación.
- No te preocupes, le dije para calmar su ansiedad, en realidad has despertado mi curiosidad y si en algo puedo serte útil, aquí estoy. Pero hasta ahora no me has dicho tu nombre.
- Mi nombre, que importa eso ahora, si me vas a prestar tus oídos. No sabes lo que realmente significa para mí, que te dignes a prestarme atención.
- Esta bien, no te preocupes, puedo escucharte. Perdóname, ¿Pero y tu nombre?
- No me has entendido, te pedí que me prestaras tus oídos, no me acoses con la misma pregunta, no tengo respuesta para eso.
- Bien, si así lo deseas, soy todo oído.
- Una abuelita muy hacendosa, con mucho cariño, cosió mi cuerpo hasta darle forma, fue haciendo las piernas, las manos, el cuerpo y mi cabeza. Tenía siempre una sonrisa pintada, mis ojos grandes, de cabellos gruesos, con una agilidad para moverme, que podía estar de cualquier manera y no cansarme. Con mucha delicadeza, me envolvió en una caja de zapatos.
- Cuando se abrió nuevamente la caja, la luz, me cegó por segundos, y unas manos muy pequeñas me tomaron y con gran emoción me aferro a un pecho de niña. Después que me presentó a todos los que estaban, me entere que era el cumpleaños de ella que se llamaba María y que festejaba sus cinco años.
De la forma como me relataba su vida, me hacia sentir niño, como si me contaran un cuento. Mi entusiasmo era tal que vivía la narración como fuese una película.
- Era muy bien parecida, de cachetes gorditos, ojos grandes, marrones claros, de pelo rizado de un tono castaño natural, que al contacto con los rayos del sol se iluminaban, como salpicando destellos. Era muy cuidadosa, siempre estaba acompañándola, hasta dormía con ella. Todas las tardes jugaba a la cocina o a que yo era su hijo. Correteábamos por el parque, jugábamos a todo. Recuerdo que se llevo una reprimenda, porque quería que yo fuera a la escuela con ella, me escondió en su portafolio y así fue que la descubrieron, ante esto, la maestra llamo a sus padres. Fueron pasando los años, la acompañe y en la preparatoria, disfrutábamos juntos las reuniones con sus amigas.
- En las desilusiones, era su paño de sus lagrimas. Solía contarme sus proyectos y si algún muchacho le gustaba. Pasábamos horas en la ventana, mirando el anochecer y también fui custodio de sus horas de estudio. Estaba siempre a su lado.
No me animaba a interrumpir su relato, quería saber más de sus padres, pero había prometido ser escucha.
- ¿Me estas escuchando?, No cierres tus ojos, o ¿te aburro con mi vida?
- No, no...Cierro los ojos para poder concentrarme más, continúa por.
- Bueno, perdóname, pero es que hace tanto tiempo que no pudo hablar con alguien, que casi no respiro por hacerlo. ¿Puedo seguir?...
- ¡Sigue por favor!
- María iba a cumplir catorce años, cursaba el segundo año de la secundaria. El día de su cumpleaños, no se sentía bien y no dijo nada para no preocupar a sus padres.
- Yo estaba sentado en su cama, desde el dormitorio, escuchaba el murmullo de la gente, que se divertía. No veía nada, pero según parecía, la estaban pasando muy bien. Cuando la música no se escucho más, María entro al su dormitorio, me tomo en sus brazos y recostándose, me contó que no se sentía bien, que un fuerte dolor en su estomago no la deja en paz. Yo me sentía impotente, que podía hacer yo, un muñeco de trapo. Solo escuchaba con los ojos bien abiertos.
- Su sollozo comenzó a ser cada vez mas profundo, hasta que se convirtió en llanto. Su mamá, al escucharla, acudió de inmediato, llamaron a un medico que aconsejo que la internaran de inmediato.
- Yo estaba sentado en la mesita de luz, recostado sobre el velador de noche, miraba y escuchaba, como hablaban por teléfono y preparaban un bolso con ropa. María estaba vestida, lista para ir al hospital. La puerta de su dormitorio estaba abierta, se percibían las voces de sus padres, preocupadas.
- Y se llevaron a María.
- De pronto se escucho, nuevamente que la puerta principal se abría y escuche que el padre decía:
- ¡No te preocupes! Lo bajo enseguida. No sabía que pasaba. De repente sentí que me tomaban del cuerpo, con manos firmes y muy de prisa el papá de María baja las escaleras de dos en dos. Entró al auto y María me tomo en sus brazos y me apretó contra su pecho. A todo esto ya estabamos en camino. Todo pasó tan deprisa, que no me di cuenta que estabamos en el hospital, pues estaba tan apretado al pecho de María que no podía ver lo que pasaba. Me enteré, en la habitación que tenía peritonitis y que debía ser operada de urgencia. La espera fue eterna, más de dos horas duro la operación. Yo seguía en la habitación, mis pensamientos estaban concentrados, en el estado de María. Al fin entraron los padres, muy nerviosos, ella se aferraba al pecho del marido, los dos con sus rostros teñidos de preocupación. En poco tiempo comenzaron a llegar los parientes, tíos, abuelos.
- No entendía nada.
- Estaba en la mesita de luz, sentado, no podía escuchar, claramente, lo que hablaban, quería enterarme, de que se trataba y no podía
- Era consciente que no tenía movimientos propios, me resigne y como siempre, espere, espere.
- La abuela que había cocido todo mi cuerpo, se sentó en la cama, con los ojos húmedos, brillosos por las lágrimas, que de tanto en tanto, se escapaban de sus ojos. Yo la miraba atónito, seguía sin entender lo que pasaba. Sentí en mi cuerpo el temblor de sus manos, que acariciaban mi cabello y en voz baja me decía:
- Vos si que has estado en todo momento con María, desde el día que te obsequie has sido su mascota inseparable y ahora ni vos ni yo podemos hacer nada.
- No sabía que hacer, me sentía un inútil, como deseaba poder preguntarle
- ¿Qué pasa? La mire fijo como haciendo fuerzas para que entendiera que mi preocupación acompañaba a todos. En un susurro me compartió, que María tenía una metástasis muy avanzada.
- Me dijo –
- No la abandones, cuídala desde tu silencio y acompaña su dolor. Mis fuerzas no son como las de antes y es mi deseo que tú seas mi sombra. Me quedé pasmado, en los brazos de la abuela. Me dejo apoyado donde me había encontrado. Fueron pasando las horas y el silencio que reinaba en la habitación, se vio interrumpido cuando entro María en una camilla, la posaron en su cama, dos enfermeras y al acomodarla, sin darse cuenta una de ellas me tiro al piso.
- Por supuesto ahí quedé, debajo de la cama, sin poder ver, tenía miedo que alguien me pisara, al no saber que yo estaba allí. Los médicos se dirigieron a los presentes, sugirieron que deberían hacer silencio y dejar que descansara. Solo se escucha las voces de los padres, que se quedaron para acompañarla.

- ¡Perdón! Que te interrumpa, tu estabas todavía, tirado en el piso.
- Sí, si, como veras no puedo moverme por mis propios medios, me tuve que resignar a que alguien se conmoviera o esperar que una mucama hiciera la limpieza y soportar los pinchazos de un escobillón, en fin así es mi vida, esperar, esperar.
- ¡No te detengas! Sigue contándome.
- Yo estaba debajo de la cama...
- Sí, sí, eso ya me lo dijiste, continua, ¡Por favor!
- Escuche la voz de María, un poco entrecortada, por el efecto de la anestesia, que llamaba a su mamá. Ella acudió de inmediato, le pidió agua y después de beber; pregunto...¿Dónde esta mi muñeco? Así fue que me encontraron, pase de una posición oscura a estar con mi amiga, acostado al lado suyo.
- La mamá de María se había sentado en una silla, al costado de la cama, apoyando su cabeza al costado de ella y su papá, se había dormido en un sillón que había en la habitación. Me puse a pensar, en lo que me había dicho su abuelita - ¡Ah!, Pase por alto que de todos los nietos que tenía, a la única que podía tener, era a María, pues los otros ya eran grandes y vivían en el extranjero. Había quedado viuda cuando el papá de María solo tenía ocho años. Esto lo se porque ella le contaba a su nieta, como luchó para educar a sus tres hijos y en especial a su papá. Se lo contaba con lujo de detalles, como educándola para que la vida no la sorprenda. Siempre decía que todo se consigue con mucho esfuerzo.
- Bueno me estoy yendo del tema, como te decía. No encontraba la forma, de seguir los pasos que me habían encomendado. Fueron pasando los días y al cabo de una semana, María regreso a su casa.
- Había quedado muy débil, más todos los estudios que le practicaban, realmente la dejaban extenuada. Yo, la acompañaba a todas partes, no nos separábamos ni un instante.
- Después de un chequeo médico y sentados en el jardín, me tomó en sus brazos y comenzó a decirme...
- Yo se que algo malo me pasa, mis padres no se despegan de mí, voy muy seguido al hospital, cada ves que les pregunto el porque de tantos análisis, comienzan a evadirse con otras cosas, miran para otro lado y ellos creen que no me doy cuenta, que sus ojos se humedecen. Es más; ayer por la tarde, cuando mamá me cepillaba el pelo, la mire por el espejo y vi como una lagrima le corría por su mejilla.
- ¡Mamá! Estas llorando.
- No hija, es solo algo que me entro en el ojo.
- Giro en si y se alejo disculpándose, para ir al baño a lavarse.
- Muñeco, nunca te has separado de mi, como desearía que me contestaras, se que eres muy honesto y servicial, nunca te has quejado.
- Dentro de mí sentía un nudo en la garganta y deseaba con todas mis ansias, poder contenerla. En mi imaginación, cerré los ojos con mucha fuerza. Cómo no tener un Hada madrina para poder complacerla.
- Pensé en decirle, que siempre me trato con dulzura, que realmente es mi amiga.
- Soy tu amiga, me contesto y te quiero como si fueses un hermano. Que no tengo.
- ¿Cómo? ¿Puedes escucharme o leer mis pensamientos?
- ¡Muñeco mío! ¡Puedo oírte!
- Me decía mientras me levantaba con sus dos brazos.
- No salía de mi asombro, ya que no sabía que pasó. Fue de repente que ella se comunicaba conmigo. ¡Con un muñeco!
- Su cara se cubrió de una inmensa alegría, corrió a donde estaba su mamá. Yo flameaba como un barrilete, tomado de una mano de ella. Quería contarle lo que había sucedido.
- ¡Mamá, mamá! Sabes... y se quedo callada
- Que pasa hija, le contesto
- No, es que... no se me olvide, que sonsa soy. ¡Ah! Si ¿Puedo tomar un licuado de bananas?
- Por supuesto le contesto la madre.
- Cuando preparaba su antojo, me apoyo en la mesada, mientras me decía: Menos mal que no dije nada, podrían creer que estoy perdiendo la razón
- Charlamos de muchas cosas, los recuerdos de su niñez, intercambiábamos anécdotas mutuas. Cuando la llamaron a cenar, puso una silla al lado, para sentarme en ella.
- El padre, le dijo que no exagerara, que el muñeco debería estar en su dormitorio y no en la mesa.
- ¡Papi! A mi me gusta, es como si fuésemos hermanos.
- Déjala tranquila, José, se interpuso la madre, no hace nada malo con tenerlo cerca de ella. Con una mirada cómplice, todo quedo en la nada.
- Esa noche nos acostamos, apago la luz, solo entraba el brillo de la luna, por la ventana, estaba de frente, como mirando el cielo y me pregunto:
- Dime, una cosa.
- ¡Que!
- Quiero que seas honesto al responder y no me des vueltas como todos lo hacen.
- Mi cuerpecito de trapo, comenzó a temblar, ya me imaginaba lo que ella quería de mí.
- Dime, ¿qué quieres? Bien sabes que nunca podré mentirte, pues te hablo con mi mente y si obviase algo, te darías cuenta. Además, te quiero tanto...
- Tu sabes lo que tengo y yo quiero saberlo. Estoy convencida que lo mío no es una cosa simple, ¿no es así?
- Por dos o tres segundos no pude hablar, tome coraje y con voz entrecortada le dije la verdad. Su peritonitis se había complicado debido a que encontraron pólipos cancerosos en su intestino. Los médicos hicieron todo lo posible, extirparon todo, pero hay riesgos serios. Los exámenes y rayos que te hacen son para vencer esta enfermedad.
- ¿Por qué mis nauseas, el dolor de cabeza?
- María, todo es debido a los remedios, que son muy potentes.
- ¡Dios mío! Sé que el abuelo de una compañera, falleció de una enfermedad parecida. ¿Té acuerdas de Gimena?
- Sí...hemos jugado juntos, ella se fue a vivir junto a su la abuela que quedo sólita.
- Gimena me contaba en el colegio, que su abuelito sufría mucho. Por esto también pasaré, ¿No es así?
- No pienses en eso ahora, posiblemente sí. Con esta poca experiencia que tengo, como muñeco de trapo, creo que debes hacer un balance y dar prioridad a lo más importante, a lo que realmente desees hacer. Sin perder el equilibrio.
- Sabes, no tengo miedo, hoy ha sido un día muy especial, para mí. El solo hecho de conversar contigo, me da seguridad, enfrentar esta realidad que me toca vivir. En fin, esto no es casualidad. Eres mi ángel de la guarda.
- No digas esas cosas, solo soy lo que soy, un muñeco de trapo
- Yo digo que sí
- No puedo cambiar de color, pues no tengo piel, pero en mi interior sentía como si estuviera ruborizado.
- Ya es muy tarde María, tienes que dormir, no sé que hora es, pero ya es casi de madrugada, tienes que descansar.
- Una última cosa, quiero decirte.
- Dime
- Como quisiera que mi abuelita, viviera aquí, para disfrutarla un poco más. Mañana, es decir cuando me levante, le pediré a papá que la invite.
- Bueno, bueno, no te aceleres... hasta mañana.
- Esa mañana el padre de María, había salido y le comentó a su madre el deseo de traer a la abuela.
- Le contesto. Hablaremos con papá, no creo que haya problemas, es mas, ella te adora, no creo que ponga peros para venir.
- La abuela no se hizo rogar, al día siguiente, ya estaba instalada. Siempre estabamos juntos, los tres, reíamos y nos deleitábamos con las anécdotas y cuentos de la abuela.
- El secreto de nuestra comunicación, no se rompió por nada, era nuestro, solo de nosotros dos.
- A medida que el tiempo transcurría, María perdía su cabello, por lo que tuvo que usar peluca, su ánimo decaía por momentos, se notaba que su risa iba perdiendo brillo. Las charlas con la abuela no cesaron en ningún momento. María, ya no soportaba estar despierta mucho tiempo, se dormía, cuando la abuela contaba alguna anécdota repetida.

De repente se abre la puerta del escritorio, es Alicia, mi esposa.
- ¡Ha! Estabas aquí, pense que habías salido, no escuchaba el ruido de la maquina de escribir, hay poca luz, te va a doler la cabeza, la cena esta servida, querido.
- Con un clic, encendió la luz principal.
- Si, mi amor, le respondí, un poco asustado. Estaba tan concentrado en lo que me contaba, este personaje más que especial.
Cuando se cerro la puerta intente seguir la conversación, pero, por mas que insistí, no hubo caso.
En la cena, atine a contarle a mi esposa, lo que había experimentado, más me contuve, no me creería, hablamos, no recuerdo de qué. Tenía en mi mente la imagen del muñeco. Alicia me pregunto:
- ¿Estás muy serio, preocupado, que te pasa?
- No Petisa, no me pasa nada.
- ¿Algo te preocupa? ¿Te puedo ayudar?
No sabía que decirle, nuevamente me quería arriesgar a contarle, lo que me había pasado. Y no me animé.
- Lo que pasa es que estoy en esos días, que no me puedo concentrar. Sabes que debo terminar mi libro, el tiempo se agota.
- ¡Zafé!
El resto de la velada, estuve ausente. Cuando me fui a acostar, no lograba conciliar el sueño. A la mañana siguiente, me levante, desayune con Alicia y me fui a trabajar a mi escritorio. Es decir quería a toda costa, entablar nuevamente mi encuentro con el muñeco.
Pasé toda la mañana en el escritorio, sin tener respuesta. A la tarde cuando ya creía que todo había sido una ilusión, producto de mi ansiedad, por necesidad de cumplir mi contrato con la editorial, suspiré y me dije a mi mismo, no fuerces más, todo ha sido una ilusión.
Apagué la luz principal, me relaje, sentado en el sillón, para escuchar música suave.
Sentí esa voz, particular…
- ¡Hola! Soy yo…
Me cuesta un poco definir, ese momento, era como un éxtasis, alegría por volver a escuchar lo que tanto esperaba. Parecía un niño, deseoso de estar con él.
- ¡Por fin! No sabes como he intentado seguir hablando contigo. Por momentos creía que todo era producto de mi imaginación.
- Lo que pasa que me asusté, cuando abrieron la puerta.
- Espera un poco… ¿Cómo sabes que se abrió la puerta, anoche cuando estábamos hablando?
- Bueno, hay muchas cosas que todavía no sabes de mí, cuando estoy comunicado contigo, puedo ver por tus ojos. Es largo de contar, es poco creíble, pero así es.
- Cada vez entiendo menos, eres una caja de sorpresa. Esto no es real.
- Aunque no lo creas, es así, simplemente es así. Eres la persona en quién puedo confiar. Se que tienes un gran corazón y por lo que he percibido, eres un hombre leal, melancólico y de mucha fe.
- No se, no quiero entrar en polémica, si soy o no soy, pero ¿porque yo?
- Da tiempo al tiempo, se paciente, que ya pronto entenderás.
- ¿Me seguirás contado?
- Sí…
- María, cada día se debilitaba más, hubo que acudir a calmantes muy fuertes. La abuela, Matilde, así se llamaba, no se separaba ni un instante, su mamá, incansable, sufría interiormente la rutina de todos los días, pendiente de las píldoras y las sesiones de rayos. Su papá no soportaba verla, cada vez más delgada, con ojeras bien marcadas a lo que ya era visible a los de la casa. Había perdido, totalmente, su hermosa cabellera…
- Por favor no te detengas sigue contándome.
- Te contaré todo, es por eso que quiero que sepas “Todo”, mi razón de que seas Tú, el portador de mi existir.
- ¿Que es lo que quieres decirme, a donde quieres llegar?
- Bien… Ten paciencia… Como te decía, llegó el día…Es muy doloroso contarlo… Estaban todos en el dormitorio, papá, mamá, la abuela, yo acostado al lado de ella, sabiendo que Dios se la llevaba con Él.
- Les dijo a todos que los quería, que se llevaba con ella, la alegría de disfrutar el amor de todos, que ese amor había sido el más valioso tesoro, que estaba contenta, porque sabía que no sufriría más. Beso a sus papás y a su abuela. Después me miro y se sonrió a la ves y me dijo eres mi mejor amigo. Se quedó dormida… para siempre.
- No me llevaron a su entierro, me quede solo en el cuarto, con un nudo en la garganta, vació, sin poder ni siquiera llorar.
- Y que fue de ti
- Los padres cerraron la casa, taparon los muebles y la señora que hacia la limpieza, acomodo todo, a mi me guardaron en este baúl y aquí estoy.
- ¡Esta bien!...¿Pero que tengo que ver yo en todo esto?
- Mucho… Quiero que me encuentres y me saques de aquí.
- Creo que me estas tomando el pelo.
- No nada de eso, querido amigo…si me lo permites.
- Para nada, no pongo objeción a eso. No sé, pero me da la impresión de conocernos desde hace mucho tiempo. Pero sigo sin entender, este misterio de que yo te encuentre, si no se donde estas realmente, ni donde puedes estar y cual es la casa.
- Como te dije al principio, no se el nombre de la calle, pero creo que te puedo dar referencias para que te ubiques.
- ¡No me digas que no! ¡Por favor has un esfuerzo!

- Mira, haré todo lo posible, me van a creer un loco.
- Tienes talento, se que me encontraras.
- Como quieres que te encuentre si no sabes ni el nombre de la calle… Esta ciudad es muy grande… ¿Que estoy diciendo?
- Por lo menos… ¿Es aquí, en San Javier?
- Mira, sí… Cuando mirábamos el atardecer, con María, desde la ventana, muy cerca había una Iglesia con tres torres. La casa era de estilo colonial, con galerías a su alrededor, adornadas con jarrones de barro. Al frente un aljibe grande, y en el medio del jardín una estatua de la Virgen del Milagro.
- ¿Lo harás verdad, no me abandones!
- Debo estar loco, lo intentare, al menos. Pero tus referencias son muy vagas. Si encuentro la casa, que quieres que haga.
- Que me saques de este baúl.
- Pero te has puesto a pensar, no es nada fácil.
- ¡Por favor! Sé que podrás. Como te dije antes, tienes mucha fe.
Esa tarde le había comentado a mi esposa que no se preocupara por mí, que me dejara trabajar sin interrumpirme.
Alicia siempre compresiva, no me interrumpió para nada. Me despedí del muñeco, hasta el día siguiente.
Me fui a dormir, si es que se puede decir, dormir. Ya que no pegue los ojos en toda la noche.
Por la mañana, comencé a dar vueltas en el auto, sin tener a la vista una respuesta al paisaje hablado por el muñeco. Más de dos horas di vueltas y vueltas, sin encontrar nada. En esas idas y venidas, se me ocurrió una idea. Subí al mirador de la ciudad y desde allí me puse a mirar detenidamente, toda la ciudad. Tarde bastante en ubicar el lugar. Era hacia las afueras. Pude divisar las tres torres, escondidas entre unos pinos muy altos.
Cuando llegue al lugar, me baje del auto, comencé a caminar en dirección opuesta al frente de la Iglesia. Todas las casas eran bajas de bellos jardines, una calle empedrada, daba la impresión de ser una calle sin salida, y a medida que avanzaba al final de la calle, vi detrás de una valla de rejas, con un gran portón principal, la imagen de la Virgen del Milagro.
Me detuve por un instante, lo que me había dibujado en palabras el muñeco, era real. Eché un vistazo más y pude apreciar el aljibe, la casona muy grande, con galerías a su alrededor, y decoradas con enormes jarrones de barro.
Es aquí… me dije a mi mismo
Nuevamente sentí en mi interior, la voz del muñeco…
- ¡Sabía que lo harías! Ya estas aquí
- Si estoy aquí y no se que hacer.
Tira de la manija que esta al lado del portón y harás sonar la campana. Es más que seguro, que te atenderá una señora, entrada en edad y un poco gordita. Ella sabrá entender.
Cumplí paso a paso lo dicho por el muñeco, vi venir a una señora, encorvada por el tiempo, de paso pausado, pero firme. Me miro…
- Que desea Señor.
- Bueno estoy interesado en saber que fue de María y de su familia.
- ¿Quién es usted, señor?
- Bueno, no me va a creer…
No sabía como empezar.
- Resulta que soy escritor y desde hace unos días, sueño con una historia de una joven, que quería mucho a su abuela Matilde, quien le había regalado un muñeco de trapo, hecho por ella misma.
- Yo soy su abuela, me he quedado en esta casa desde entonces, desde que ella quiso que viviéramos juntas.
- Estaba asombrado, sentía que la conocía de mucho tiempo, más asombrado estaba que sin mediar, más preguntas, entablara una conversación tan íntima, con un desconocido.
Me contó la misma historia, con algunos puntos más. Era el medio día, estábamos sentados en la galería, cuando su pregunta me llamo a la realidad del porqué, me encontraba en esa casa.
- ¿Cuál es su propósito señor?
- Bueno en realidad, estoy buscando al muñeco de trapo.
- No entiendo el porque esta interesado en el muñeco, era de mi nieta y no se donde fue a parar. Lo busque por todas partes y no logre encontrarlo. El era el nexo entre mi querida nietita y yo.
- Mire señora, con todo respeto, no me va a creer, pero déme unos minutos sin interrumpirme y le contaré cual es mi verdad.
Le conté pasa a paso lo que me había ocurrido y al terminar, percibí que me entendía. Una sonrisa indescriptible, iluminaba su cara, junto a sus ojos humedecidos por la emoción.
La abuela se levantó, sígame, me dijo con seguridad.
- Estoy muy vieja, para subir las escaleras, venga, lo llevare hasta el cobertizo… Allí esta, suba y por favor busque…busque hasta encontrarlo.
Así lo hice, no muy seguro, con cierto temor. Había mucho polvo suelto y telas de araña, mire por todos lados. Por una venta redonda entraba un rayo de sol, que iluminaba algo… parecía un baúl. Me fui acercando y si era un baúl. Me agache para abrirlo, comencé a sacar juguetes rotos, tacitas de te, espejitos y de pronto descubrí al muñeco. Estaba estirado, un poco doblado para atrás. Sí detrás de él había un avioncito con una de sus hélices rota.
Mi corazón palpitaba de emoción. Con mucho cuidado tome al muñeco y en ese instante me dijo:
- ¡Gracias! Yo estaba seguro que lograrías encontrarme.
- Estoy temblando, le dije.
- Lo sé, lo percibo en tus manos.
- Bueno ya estoy aquí, ¿que más quieres?
- Primero llévame con la abuela.
Así lo hice, ella lo tomo en sus brazos, acaricio su cara, acomodo sus cabellos, lo miro con mucha ternura y me dijo:
- Cumple su deseo, yo también te ayudaré.
- ¿Cuál es tu deseo?
- Quiero que me lleves a donde María esta enterrada.
Ya casi estaba entrada la tarde, faltaba poco para el atardecer. Mire a la abuela, con el muñeco en sus manos y no me pude negar.
Ella me guió hasta el cementerio, encontramos la tumba de María.
El muñeco nos agradeció a los dos, por hacer realidad su deseo.
- Déjame sobre la tumba de María, nos dijo. Y con un movimiento suave, apoye su cuerpecito sobre la lapida que lleva su nombre.
En el mismo momento, que mi mano depositaba al muñeco, le pregunte ¿cual era su nombre?
El me contesto:
- Simplemente soy tu amigo…
Había hecho realidad su deseo de estar nuevamente al lado de María.
Acompañé a la abuela triste, pero a la vez la veía, como si algo de su interior, descansaba en paz
Nunca más pude entablar una conversación con él, pero me dejo algo, que no se puede comprar. Me regalo el amor de una abuela y la fuerza de creer, que el amor existe….

FIN

© Carlos Lelli

15/01/08

ALMACÉN DE SUEÑOS

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podcast



ALMACÉN DE SUEÑOS

PEQUEÑO HOMENAJE A LA REVISTA "LETRAS PARA EL CAFÉ"
Todo comenzó hace unos años cuando conocí a Junka Wi.
Junka (como le digo amistosamente), es un duende que vino a estas tierras con una larga historia que es más para una novela que para un relato y bastará con que sepas que es mi mejor amigo y el hermoso personaje retratado en el logotipo del Grupo Literario AbraPalabra.
Mientras yo dormía, Junka Wi me llevó a conocer el almacén de los sueños, que en realidad más que almacén es la fábrica donde se concretan los pedidos de inspiración de los poetas, escritores, músicos y creadores de arte y que es administrada por seres elementales.
No puedo ni tan siquiera parcialmente, expresarte lo bello de ese lugar. Estar allí es conocer un mundo extravagante y de improvisto, desde una ventana emplazada a una altura imprecisa, al sonar una especie de silbatina estridente, ingresa un pájaro muy raro, tiene muy pocas plumas y está ataviado con un impermeable beige grande y viejo y un gorro de cuero marrón con unas antiparras descangalladas a la usanza del siglo diecinueve. Trae en su pico una especie de bolsa de tela que deja caer en una cinta transportadora.
Por un trayecto alucinante ingresa a un recipiente que es controlado por varias calderas, de una maquinaria compuesta por infinidad de piezas mecánicas; allí se trata a temperaturas incomprensibles para el ser humano, para llegar a una especie de impresora de donde sale en formato de boletín y es receptado por el jefe de la sección.
En el boletín puede leerse: “Solicitud del Sr. Héctor C. Vila - Proyecto Editorial” y automáticamente mi dimensión cambia de color y forma.
Como si me hubiera atrapado la transportadora de tele materia de “Viaje a las Estrellas” me encuentro sentado en el asiento trasero de un taxi manejado por quien hoy es un gran amigo y firmante de aquella solicitud.
-¿Usted es del Almacén de Sueños verdad?-, me dice como exigiéndome una respuesta inmediata.
Tiene una cara de niño tan entusiasmado, que aunque quisiera mentirle no puedo y soy toda una oreja a sus ilusiones. Las palabras se le caen, se transforman en una cascada de sonidos musicales y a la vez alocadas, me cuenta del papel, de la tinta y de una escala de grises que no entiendo; me hace señas, dibuja un rectángulo vertical en el aire, imita con las manos el tipiar de un teclado, su voz se hace ronca, hay vapor y olor a café en su boca, en el asiento delantero del acompañante está sentado Piazzola junto a su Chiquilín de Bachín y una nube insolente los envuelve; en la esquina de Av. Colón y Gral. Paz sobre la vereda del correo, detrás de la barra de un bar imaginario, Cacho de Buenos Aires aprieta la ñata contra el vidrio, mientras La Mona Jiménez lo amenaza con repetidos jabs de derecha preguntando quien se ha tomado todo el vino y de lo que hará con esa agujita de oro.
Pero todo está claro como el agua, Héctor me habla de un Boocklet Cultural, tiene Perfomance de revista y comienzo a reír hasta que mis músculos estomacales se contraen.
Detiene la marcha, desciendo justo en Gral. Paz y Bv. San Juan, a pocos metros, sobre La Cañada un avión impresionante de la Fuerza Aérea me espera con los motores en marcha, Junka me saluda con su mano tras el vidrio de la cabina, es el piloto y me dirige una sonrisa en exclusiva, la puerta de acceso se abre, la escalera se despliega, me tomo del pasamanos y subo.
La doncella que Junka Wi embeleza con sus historias es la misma criollita con sus trenzas renegridas que oficia de azafata, controla que mi cinturón esté bien colocado, mis oídos se apunan con el rugir de las turbinas, la primer fuerza “G” me comprime en el asiento y me duermo para luego despertarme con la voz dulce y suave de aquella azafata que me entrega un ejemplar de “Letras para El Café” y dice en su portada Año 2 Nº 12; mi fotografía es un icono más entre sus páginas, regresa hacia la cabina y en poco tiempo la voz de Junka Wi anuncia por los altavoces que el libro mayor de quejas de la vida se encuentra desplegado sobre el largo de la pista de Pajas Blancas. Nos aproximamos a una velocidad peligrosa, el avión se sacude, hace contacto con las primeras páginas, se estrella contra la hoja y se enreda entre los renglones, el combustible del avión se transforma en café de café a tinta y los demás pasajeros y yo hacemos una metamorfosis para transformarnos en letras, el sonido de una vieja Olivetti retumba en el ambiente y lo domina, un taxi frena mostrando el chirriar insufrible por el descuido de sus frenos, es el Sr. Vila que se baja del vehículo y saluda al encargado de una imprenta, hay algo parecido a un canje, intercambian sonrisas por papeles y nos abraza, se despide de aquel hombre y me duermo con el ronroneo del viaje y justo ahora me despierto, cuando impaciente abanicas mis páginas al tenerme entre tus manos.

© Raúl Lelli